El acelerador de la revolución digital

La FP, una enseñanza más práctica y rápida, permite dotar al mercado de perfiles preparados y actualizados para la nueva economía

La llamada cuarta revolución industrial, como ha pasado con sus predecesoras, exige a las empresas cambios rápidos para que la producción no pare, sea rentable e innove antes que la competencia. Pero para ello se necesita contar con una estructura ágil, pensar a medio y largo plazo y formar a los empleados de manera continua; un escenario aún lejano. No ayuda la inmovilidad de los títulos y temarios a los que parecen no afectar las demandas del mercado. De aquí a 2030, según el Centro Europeo para el Desarrollo de la Formación Profesional, el 65% de los trabajos que se creen en España serán para la FP y un 35% para la FP de grado superior y graduados universitarios. La transformación digital podría ayudar a cambiar la imagen de los estudios de grado medio y superior.

«Se trata de formaciones más ágiles y prácticas, que les ayudan a tener un contacto directo con lo que será su trabajo. Y que atraen cada vez más a gente que busca una formación menos teórica y más corta, universitarios incluidos. Estoy convencida de que la transformación digital permitirá que se conozca más la FP y esto hará que aumente su prestigio», apunta Silvia Robador, responsable de los estudios de FP en la escuela de negocios IMF. Además de ágil, se trata de una enseñanza que se puede diseñar como una hoja de ruta. «Podrán acceder de la formación profesional básica al grado medio; de este, al superior, y de este, a un curso de especialización e incluso universitario. Algunos de los ciclos además permiten obtener una doble titulación, por ejemplo, los ciclos de desarrollo de aplicaciones multiplataforma y de desarrollo de aplicaciones web permiten obtener un doble grado en tres años, al­ ser el contenido del primer año común a ambos», añade Robador.

Desde que la revolución digital metió el acelerador, todas las profesiones recientes tienen su versión o su camino a través de este tipo de estudios, desde seguridad informática, programación, al Internet de las cosas, big data… «La FP cubre puestos TIC [Tecnologías de la Información y la Comunicación] demandados; si soy un empresario y necesito 5.000 trabajadores, la forma más rápida es la formación profesional», explica Daniel López, doctor en software y sistemas y responsable de la formación profesional en el centro de tecnología y arte digital UTAD. «Los alumnos de la familia de informática y comunicaciones, como puede ser técnico superior de desarrollo de aplicaciones multiplataforma o la de desarrollo de aplicaciones web, han podido elegir entre tres empresas para poder realizar sus prácticas, dada la gran demanda de estos profesionales, y el 100% ha recibido una oferta para quedarse a trabajar en dichas compañías», asegura Robador. También la UTAD maneja cifras idénticas. El centro madrileño tiene en el mercado dos titulaciones. Una de desarrollo de aplicaciones para programadores, otra de transformación digital y otra de desarrollo de animaciones 3D, juegos y entornos interactivos, para perfiles artísticos. Cada año se titulan 125 alumnos y la empleabilidad es del 100%. «Solo tenemos títulos que demanda el mercado», explica López.

Ventajas competitivas

Los expertos coinciden en que para que la FP resulte un motor de la economía digital debe aprovechar su ventaja competitiva de ser más ágil que los estudios universitarios y representar el mercado, pero no siempre es el caso. «Junto a la información de cada curso, al temario, debería entregarse también una gráfica que indicara cómo está esa profesión, si tiene empleabilidad y cuál es la tendencia. Se orienta y planifica sin conocer las tendencias del mercado, rara vez hay comunicación entre la empresa y los centros de estudios. La empresa debería desempeñar un papel más activo especialmente a la hora de demandar profesionales y definir los perfiles que hacen falta y que tendrán cabida en las plantillas», explica Juan José Suárez, responsable en Madrid de la Fundación Bertelsmann, enfocada en empleabilidad juvenil. Denuncia que existen «más puestos que alumnos formados porque no se comunica qué se necesita». Su colega Juan José Alfaro Santos, director del área de Formación Profesional de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, que imparte un ciclo de 3D y otro de entornos interactivos, lo confirma. «Si las empresas enviaran peticiones y planificaciones, estas podrían ayudar a acelerar los títulos nuevos y las especializaciones. Podrían desempeñar un papel más activo diciendo qué profesionales necesitan ahora y cuáles van a necesitar, lo que nos ayudaría a modificar nuestros planes de estudios».

Su petición tampoco es sencilla; la implementación de estos cambios y la creación de nuevos títulos depende del Ministerio de Educación de turno. «Desde que se observa una necesidad en el mercado hasta que se pueden impartir los cursos pueden pasar cuatro años. La industria digital imprime un ritmo que obliga a los programas formativos de los ciclos a flexibilizarse, tenemos que poder crear títulos más rápido», explica Robador, que aguarda a que cuando se constituya el nuevo Gobierno entren en vigor los prometidos cursos de especialización relacionados con la industria 4.0, como ciberseguridad, big data, realidad virtual o robótica. Los profesores coinciden en que un motor de aceleración sería no condicionar los cuadros docentes a una plaza fija o a una oposición. «Especialmente en FP, el valor es que los profesores sean trabajadores en activo que conozcan el mercado y que sus clases estén pegadas a la demanda», añade Alfaro.

Las empresas, por su parte, también dicen acusar la desactualización de títulos. «Observamos una rotación de temarios muy escasa; sería deseable que pudieran actualizarse a los ritmos del mercado, pero, en todo caso, te obliga una cultura más comprometida con tus trabajadores en materia de formación», explica Rubén Ferreiro, responsable de la empresa de marketing digital Grupo Viko, que cuenta con una política de cantera ambiciosa y que forma también a estudiantes de FP dual. «Creemos en ella porque tiene todo el sentido que haya gente en contacto con lo que pasa ahora, en actualización constante. Nosotros tenemos gente de programación y de paid media [publicidad segmentada a través de redes sociales]», explica Ferreiro. Para la Fundación Bertelsmann, una solución intermedia podría ser «aprovechar los títulos ya existentes, más amplios y genéricos, para introducir cambios y especializaciones en los temarios que no requieran aprobación ministerial», pero los docentes responden que estos ajustes tampoco resultan fáciles.

Desfase entre sistemas

Los sindicatos profesionales llevan tiempo denunciando cierta obsolescencia de empleos en los tiempos de la digitalización, un desfase entre el sistema educativo y el productivo. «Los estudios no van al ritmo de las nuevas generaciones; estas piden inmediatez, porque es como viven, y necesitan algo más porque ellos ya saben formarse a través de Internet», apunta Sebastián Pacheco, secretario de formación de UGT. Para su homóloga de CC OO, Lola Santillana, «a las empresas debe exigírseles más, que se responsabilicen realmente de la formación y tutela de estudiantes de FP, especialmente en planes de dual, que no se está haciendo, hay mala praxis», indica. Ambos coinciden en que no se puede confundir al estudiante con «mano de obra barata» y exigen que «conozcan y transmitan mejor la información sobre el sector, la especialización y la demanda», y se cree una cultura de formación. Las escuelas, por su parte, aseguran que rompen contratos con todas aquellas compañías que no se comprometen con los alumnos que están formando y buscan aquellas que garantizan que serán tutelados. «La FP dual es un sistema que ha demostrado a la universidad que es muy teórica para los tiempos que corren, pero debe hacerse bien», apuntan desde IMF.

«Las empresas que entren a formar parte de programas de formación dual deben aportar valor. Las asociaciones sectoriales deberían liderar las buenas prácticas, dinamizar conductas adecuadas e informar sobre cómo está cada sector para que los centros de estudios recojan estas peticiones y puedan adaptarse al mercado, porque hay una tremenda disonancia entre los puestos que se ofertan y los perfiles disponibles», dice el responsable de la Fundación Bertelsmann. Para el organismo es «clave» que la FP se haga en sectores «que no estén en declive, sino con futuro, como el mundo cibernético, la inteligencia artificial, robótica…, ámbitos que están en todo, y alguien tiene que programar y mantener estos sistemas».

La digitalización de todos los sectores está dando pie no solo a nuevas profesiones, sino a conceptos revolucionarios de empresa que requieren de trabajadores multidisciplinares. «Los perfiles de FP han sido infravalorados históricamente y ahora la demanda de las profesiones digitales cuenta con ellos. En un mundo en constante cambio, poner el foco en personas ágiles y multidisciplinares va directamente de la mano de la eficiencia. Y los perfiles de FP son ágiles, prácticos y útiles en el mundo digital», cuenta Pablo Fernández Álvarez, uno de los fundadores de Clicars, un concesionario de venta de coches online con sede en Madrid. Clicars tiene trabajadores de FP dual en la fábrica de reacondicionamiento y en el departamento de ventas.

Autodidactas

Otro ejemplo son las startups de consultoría e innovación tecnológica. Su forma de trabajo exige a la plantilla ser flexible y trabajar por proyectos, según la especialidad de cada trabajador. Virtual Voyagers trabaja para empresas como Ferrari, Disney o Telefónica. «Nuestra plantilla es multidisciplinar. Pocos tienen carrera, muchos vienen de FP, pero son gente cualificada, preparada y especializada en lo que necesitamos», cuenta el codirector, Edgar Martín-Blas. «Los grandes grupos se ven atrás por la hipervelocidad, por lo que existe una oportunidad para empresas como esta, que lo que quieren es estar a la última, trabajar rápido e innovar, y para eso es clave estar siempre actualizándote como fórmula de trabajo».

La autoformación es una de las señas de identidad de esta generación, que ha crecido con Internet y sus tutoriales. Sería impensable hace 10 años que en la Red se pudiera encontrar la fórmula adecuada para aprender a usar una tecnología y hacer negocio con ese conocimiento. Así es como se han formado muchos expertos en ciberseguridad y sigue siendo su marca de identidad. No obstante, los centros de estudios recomiendan que estas microformaciones sigan a lo largo de la carrera profesional del estudiante de FP, pero que sean regladas. «La formación online no oficial ofrece atajos, pero si se quiere aprender en conjunto, esa no es la vía», apunta López.